9.4.12

Tetrimin-ator.

Una cara iluminada por el brillo de una pequeña pantalla LCD es lo único que se ve en la oscuridad del cuarto.
Sus ojos miran detenidamente como las brillantes figuras geométricas pixeladas se deslizan en un constante flujo de caída libre. En sus oídos resuena aquella canción folclórica rusa digitalizada en 8 bits, con aquella constante monotonía repetitiva de cada una de ellas, elija cual se elija, aunque tiene su favorita. Sus dedos tratan de mantener cierta coordinación y cierta rapidez a medida que el juego va aumentando su dificultad.
Aquel juego tenía cierta carga nostálgica de viejas épocas, de tardes de juego, de competencias interminables.
Le faltaba aquella magia del viejo televisor de tubo, y los controles plásticos, pero la esencia estaba ahí. Volvía a ser un niño.
En su mente trata de calcular rápidamente las posibilidades de cada pieza en cada rincón disponible, analizando que pasa antes y después de poner la pieza, que puede ir en ese pequeño vacío, y en algún momento, de como el Tetris se parece un poco también a la vida, la monotonía, la rutina, como cada pieza encaja perfectamente o no.
A veces uno trata de forzar las cosas y termina cometiendo errores.
A veces el mínimo error de calculo nos puede complicar la vida.
A veces una pieza bien acomodada resuelve muchas otras cosas, libera caminos, da nuevas oportunidades.
A veces nos toca una bien recompensada barra roja salvadora, a veces una estúpida Z verde que nos complica las cosas.
A veces tenemos tantos pequeños errores que hacen un gran error, y tenemos el agua al cuello y los problemas no paran de caer. Y uno trata desesperadamente de arreglar las cosas, de lidiar con todo. Uno pierde la concentración, trata de pensar que hacer mientras trata de hilvanar un pensamiento concreto.

Fuck.

Game over.

Al menos es un high-score. :)